Ermita del Santísimo Cristo de la Salud

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Ermita del Santísimo Cristo de la Salud 2017-03-07T11:00:01+00:00

Project Description

Ermita del Santísimo Cristo  de la Salud

La ermita del Santísimo Cristo de la Salud, ubicada en la calle homónima, ha sido un enclave fundamental de la religiosidad valdemoreña desde finales del siglo XV hasta la actualidad. La imagen del Cristo de la que tomó su nombre captó la devoción de numerosos fieles que, agrupados en cofradías en la mayoría de los casos, le honraban y rendían culto mucho antes de que se convirtiese en patrón del municipio. Precisamente estas hermandades fueron el motor de la construcción del santuario en el siglo XVI y también de las posteriores obras de restauración y ampliación que se han sucedido a lo largo de las centurias y de las que ha resultado la edificación que actualmente alberga la imagen del Cristo de la Salud: una construcción barroca erigida en 1725 y en la que se combinan elementos arquitectónicos de diferentes estilos.

Texto completo publicado en el libro Edificios que son historia

“Se dice que en lo antiguo había muchas iglesias y ermitas, pero la incuria y la mano devastadora del tiempo las han hecho desaparecer: tales eran la de San Gregorio, San Sebastián, San Pedro, San Antón, Santiago y Santa Cruz; hoy sólo existen la parroquia, el convento de las religiosas Franciscas, y la capilla del Santo Cristo de la Salud”. (Román Baíllo).
Ya en 1891, fecha en que se edita Valdemoro escrito por Román Baíllo, la ermita del Cristo de la Salud era la única de sus características que permanecía en pie en un municipio en el que, tiempo atrás, se concentraban un buen número de estos santuarios. La decana, no obstante, era la ermita de Santiago que, al parecer fue erigida en torno a 1400. Así, según la Relación de Bienes de Propios. Pertenencia del Prado Boyal y la Cañada, un documento de 1827 que se conserva en el Archivo Municipal de Valdemoro, en el siglo xv la cofradía de San Sebastián celebraba el “homenaje al patrón de todas las Españas” en su ermita, situada extramuros de la villa y casi en el límite con Ciempozuelos.
La del Santísimo Cristo de la Salud, ubicada en el arrabal norte del municipio, es sin embargo la que más y mejor ha resistido el inexorable paso del tiempo. Quizá la calidad de los materiales constructivos fuera la causa de su supervivencia, aunque pudo ser decisivo el hecho de que la imagen del Cristo arrastrase tras de sí más devotos que el resto de patrones bajo cuya advocación se erigieron el resto de santuarios. Ello, sin duda, dotó a la cofradía encargada de la gestión y mantenimiento del templo de un remanente económico superior al del resto de hermandades, que le permitió acometer cuantas obras de reforma y restauración fueron necesarias para conservarla indemne.

La Sangre de Cristo o Vera Cruz

Pero para conocer la génesis de la actual ermita del Santísimo Cristo de la Salud hay que remontarse casi trescientos años antes de 1721, fecha en que fue construida. El embrión del que a lo largo de los últimos tres siglos ha sido uno de los centros neurálgicos del fervor popular valdemoreño fue un humilladero o cruz que se encontraba junto al entonces denominado camino de Aragón, donde caminantes y vecinos solicitaban protección y agradecían los favores recibidos. Pronto se convirtió en un lugar de peregrinación al que se dotó de mayor entidad a finales del siglo xv o comienzos del xvi con la edificación del primer santuario, que se dio en llamar ermita de la Sangre de Cristo o Vera Cruz, a cuya construcción contribuyeron con sus donaciones las gentes pías del pueblo.
Quedaba así el terreno abonado para la aparición de hermandades encargadas de mantener viva la llama religiosa del lugar y, al calor de su espiritualidad, la fundación de la cofradía de la Vera Cruz no se demoró mucho. Desde el mismo momento de su creación, su vida y la de este pequeño templo discurrieron de forma paralela. Y es que esta asociación piadosa, como la multitud de ellas que proliferaron por esos años a lo largo y ancho de la geografía española y por supuesto en Valdemoro, se convirtió en el hilo conductor de la religiosidad popular encarnada en la imagen del Cristo, a cuyo culto y engrandecimiento se entregaron los cofrades en cuerpo y alma. Hasta tal punto que fueron los artífices de la institucionalización de la festividad en honor al patrón de Valdemoro que hasta hoy se viene celebrando el primer domingo después del 3 de mayo, fecha en que se conmemora el día de la Santa Cruz. Fue en 1650, año en que la cofradía de la Vera Cruz solicitó al Cardenal Arzobispo de Toledo el correspondiente permiso para la celebración de una fiesta anual en honor del Santo Cristo de la Salud, venia que le fue concedida.

Origen incierto

Las apariciones milagrosas y el deseo de protección -ya fuera de las enfermedades por parte de los santos terapeutas, ya de las catástrofes naturales- constituían los motores principales por los que los lugareños ponían en marcha la construcción de ermitas. Sin embargo en el caso de la del Cristo de la Salud no está claro que la razón última de su edificación tuviera relación directa con ninguno de estos aspectos.
Quizá fuera simplemente el fervor que concitó la cruz del camino de Aragón el que propició la creación de un pequeño recinto consagrado al Cristo y en el que los fieles, en un ambiente de recogimiento, pudieran invocar su amparo o darle gracias por los favores recibidos.
Poco se sabe de aquel primitivo templo, de su planta y estructura, ya que el que ha llegado hasta 2006 es producto de una gran remodelación que se efectuó en 1975 del edificio erigido en 1725.
Lo que sí parece probable es que la sencillez fuera la tónica dominante en sus líneas arquitectónicas aunque las donaciones, siempre tan vinculadas a la plasmación de la religiosidad y a la manifestación del poder económico, contribuyeron de forma determinante a la ornamentación del interior del santuario.
En el año 1575 el testamento del matrimonio formado por Diego Correa y Lucía Fernández (apv) recoge un legado de un ducado para “el engrandecimiento de la ermita”. Casi cuatro décadas después, en 1614, otro Correa, esta vez Francisco Correa Jiménez, establecía en sus últimas voluntades que 2.000 maravedíes de su patrimonio se destinasen a sufragar los gastos derivados de las obras de reparación que fue necesario hacer en el templo en ese mismo año. Que la cuantía de la donación no era baladí queda demostrado por el hecho de que el salario anual de un maestro de la época ascendía a 4.000 maravedíes.
Este tipo de dádivas eran moneda corriente en la época y cada aportación económica iba acompañada de unas estipulaciones acerca del destino que debía dársele, ya fueran trabajos de restauración, construcción de retablos o algo menos concreto, como el citado “engrandecimiento” del templo. En otras ocasiones, los donativos eran en especie: tallas y objetos religiosos de todo tipo, fundamentalmente ornamentales.
No obstante, las labores de reparación solían correr por cuenta de la cofradía encargada del mantenimiento de la ermita, como lo reflejan sus libros de cuentas, algunos de los cuales forman parte de los fondos documentales del Archivo Parroquial de Valdemoro.

Una nave, seis capillas

La más importante de estas tareas de restauración se llevó a cabo en 1725. El grave estado de deterioro en que se encontraba el templo erigido más de dos siglos atrás hizo necesario emprender unas obras de mejora que acabaron por convertirse en una auténtica reconstrucción.
En 1891 Román Baíllo, en su obra sobre la historia de Valdemoro la describe como una “iglesia de una nave, con su capilla mayor, donde está el retablo del Santo Cristo, y seis capillas laterales, simétricamente colocadas. Su construcción revela haberse hecho en distintas veces, siendo la primitiva iglesia la capilla mayor”, con su cúpula y camarín. Todo apunta a que las laterales fueron añadidas a lo largo del siglo xix.
El resultado es un edificio en el que destaca la nave central, cubierta con bóveda de cañón con lunetos, y la capilla mayor rematada con cúpula semiesférica sobre pechinas. Las tres capillas que se ubican a cada lado de la nave central, a la que se abren con arcos de medio punto, están ordenadas simétricamente y rematadas con sencillos casquetes, a excepción de la central del lado del Evangelio (a la izquierda del altar mayor), cubierta con una cúpula semiesférica. Algunas de ellas albergaron pequeños retablos de estilo barroco y neoclásico que fueron donados por los fieles en diferentes periodos. Hoy no se conserva ninguno aunque cada capilla acoge diversas imágenes, desde la Virgen del Carmen a San Antonio Abad, San José o San Isidro Labrador, pasando por Santa Rita o la Virgen del Pilar. Hay, incluso, una imagen del Niño del Remedio que fue donado por la familia Cánovas del Castillo.
El retablo camarín, ubicado tras el altar mayor, es uno de los elementos más singulares del conjunto. Es un espacio abovedado que se sitúa sobre un pequeño cuerpo inferior, desde el que se accede al camarín propiamente dicho a través de una escalera.
Es, sin duda, el emplazamiento idóneo para el retablo barroco del siglo xviii, profusamente decorado con hojas y racimos de parra, enmarcado por columnas salomónicas y estípites (pilares en forma de pirámide invertida truncada).

Madera policromada

Sobre este fondo resalta la venerada imagen del Cristo de la Salud, una talla de madera policromada que data de 1939, fecha en la que sustituyó a otra de similares características que fue destruida durante la Guerra Civil. De la imagen primitiva Baíllo dice: “es una de las mejores tallas que hay en Valdemoro y la de mayor devoción entre sus vecinos, que acuden a ella en sus aflicciones”. Y continúa: “Sobre su adquisición nada se sabe con certeza, ni las tradiciones que respecto a esto se encuentran son admisibles. Sólo puede decirse que la sagrada imagen existe en esta villa desde tiempo inmemorial para ser el consuelo y la salud de sus devotos”.
Por lo que se refiere a la escultura que hoy veneran los valdemoreños, el contrato para la realización de la misma, depositado en el Archivo Parroquial del municipio, es una fuente de información esencial para conocer las circunstancias en que se gestó, a saber: reunido el 12 de junio de 1939, el artista, Enrique Cuartero y Huerta, con el párroco y el alcalde de Valdemoro, además del hermano mayor de la cofradía del Cristo de la Salud, acordaron que se creara una nueva talla a imagen y semejanza de la desaparecida durante la contienda. En este sentido las cláusulas del contrato son especialmente minuciosas ya que se encomienda a Cuartero y Huerta la elaboración de la representación del Cristo “copiando las fotografías que se conservan”, algunas de las cuales, por cierto, fueron tomadas por uno de los fotógrafos más importantes del momento, Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo, Kaulak. Asimismo se le recomienda que aproveche la cruz que sobrevivió al conflicto bélico “para sustentar la nueva imagen y calcular sus dimensiones”. El encargo a Cuartero y Huerta no era ni mucho menos arbitrario. Obviamente pretendían al mejor y él tenía en su haber la autoría de las imágenes que forman el conjunto del retablo mayor de la madrileña ermita de San Isidro (1941), de la escultura de Francisco de Paula en el Retiro, del Cristo de los Mártires (1940) de la localidad albacetense de Villarrobledo y de una talla para la cofradía de la Santísima Virgen de las Angustias de Cuenca.
Elegido el artista sólo quedaba impregnar a la escultura de nueva creación y fabricada en madera de pino del Norte, del espíritu y la religiosidad de la antigua. Para ello, las autoridades políticas y religiosas de la localidad hicieron entrega al tallista de esquirlas y trozos de la primitiva imagen del Cristo de la Salud que habían conseguido poner a buen recaudo y conservaban como oro en paño, para que reprodujese el colorido lo más fielmente posible. En este sentido se le instaba también a que insertase dichas reliquias “convenientemente en la nueva imagen”. Y así fue como la talla original del Cristo se reencarnó en la desarrollada por Cuartero y Huerta, quien hizo entrega de la misma poco más de dos meses después de la firma del contrato, el 31 de agosto de 1939, contra reembolso de 4.500 pesetas.

De milagros y otras obras

Y desde entonces la imagen del Santísimo Cristo de la Salud volvió por sus milagrosos fueros. Precisamente de las cualidades terapéuticas de la imagen dio fe hasta bien entrado el siglo xx el mural plagado de exvotos (dones u ofrendas, como una muleta, una mortaja, una figura de cera, cuadros, etc., que los fieles dedican a Dios, a la V.rgen o a los santos en señal y recuerdo de un beneficio recibido, y que se cuelgan en los muros o en la techumbre de los templos) que permaneció a la derecha de la puerta de acceso al santuario hasta comienzos del último cuarto del siglo xx. La desaparición de dicho mural está estrechamente ligada a las obras de restauración que se efectuaron en 1975.

Una controvertida reforma

De esta remodelación surgió la ermita del Santísimo Cristo de la Salud con el aspecto que presenta actualmente. El párroco fue el promotor de la que fue la última gran y controvertida reforma que se llevó a cabo en el santuario y a cuya financiación contribuyó de manera decisiva el Ayuntamiento de la localidad.
El exhaustivo y abultado expediente de licencia de obra mayor (1975) que custodia el Archivo Municipal de Valdemoro establecía desde el primer punto que la filosofía de las tareas de mejora se basaba en la conservación de las líneas que definían el edificio. Así, los arquitectos encargados del proyecto hablan de “mantener los ejes y directrices del conjunto en la planta como en el alzado”, de “conservar el aspecto familiar de la ermita dentro de las limitaciones” y “todo ello dentro de un tratamiento simplista y característico de la zona”.
Sin embargo, la transformación que se operó en la ermita y que se hizo más evidente en la fachada resultó ser más rompedora de lo que, en principio, se pretendía. Se habilitaron en la planta baja dos viviendas para las necesidades de uso y mantenimiento, una para la guardesa y otra para el coadjutor. El edificio se complementa con un salón social en la segunda planta.
Especialmente patente fue la metamorfosis exterior: en la sobria fachada de antaño, enfoscada y encalada en su totalidad, se combinan hoy otros materiales de construcción, como son la piedra y el ladrillo, al tiempo que han quedado reducidos a uno los dos campanarios que tuvo en otros tiempos. Asimismo los tres ventanales de la fachada principal, uno de los cuales -el ubicado sobre la puerta de entrada al templo- aparecía rematado por una balconada, fueron sustituidos por otros más estrechos y con acabado en arco de medio punto. En 2001 el Ayuntamiento sufragó la instalación de la valla de granito y hierro forjado que rodea el recinto y que le ha dotado de su aspecto característico, similar al que tuvo en otros tiempos.
Las diferentes vicisitudes por las que ha pasado la ermita, así como las numerosas transfiguraciones arquitectónicas de las que ha sido objeto no le han restado un ápice de la religiosidad y el fervor que hicieron posible su construcción en un año indeterminado a caballo entre los siglos xv y xvi. Por el contrario, todo apunta a que las mutaciones han sido precisamente las que le hicieron más resistente a los embates del tiempo que otros santuarios coetáneos de los que se ha convertido en reserva espiritual. Precisamente las imágenes de la Virgen y el Sagrado Corazón que se encuentran a ambos lados del altar se sustentan sobre sendas peanas en las que aparece la inscripción “Por la cofradía de San Sebastián. 1760”, como último vestigio de aquellas ermitas que fueron y ya no son.

| Datos de interés

| Situación:
Calle Cristo de la Salud c/v calle Negritas c/v calle General Martitegui c/v calle Río Manzanares.

| Autor y fecha:
Anónimo, siglo XV-XVI.

| Uso:
Religioso.

| Horario de invierno:
De lunes a sábado: 12.00 h.
Domingo y festivos: 10.00 h.

| Horario de verano:
De lunes a sábado: 10.00 h.
Domingo y festivos: 10.00 h.

| Protección:
Dentro del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos del Plan General de Valdemoro (PGV) con protección integral y protección de parcela.

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